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 "In Memoriam”

 

 

 

Conocí, talvez a mediados del año 1995, en casa de Mauricio Gómez y Ana Lucía Salazar de Gómez, al Padre
Roberto MaríaTisnés.

Habíamos acabado de rezar el Rosario como diariamente lo hacíamos en las horas de la noche. Pudimos
acercarnos al sacerdote, yo, emocionada, pues con semejante apellido debía tratarse de un pariente cercano de una
querida amiga: María Clemencia Tisnés,  con quien me unían intereses comunes como los de “orientación
familiar” cuyos cursos impartía la Universidad de la Sabana.

El Padre asistía al rosario de sacerdotes en casa de Carolina Jiménez los días martes, y los miércoles al Rosario de
San José, éste sólo de hombres, en casa de Mauricio Gómez y Analú. El compartir de la oración y la conversación
entre el Padre y Luis Eduardo, mi esposo, puso de relieve una empatía natural. Luis Eduardo, militar, conocedor
de la historia, recto y piadoso, ligó enteramente con el recién conocido Padre Tisnés.

Al terminar el rezo del Rosario y el compartir entre quienes asistían, fue haciéndose costumbre que Luis Eduardo
fuese quien llevara al Padre Tisnés a su domicilio en el centro de Bogotá. Un día nos sorprendió que otro señor
del Rosario le ofreció al Padre llevarlo y éste  respondió con naturalidad: “No, gracias, Luis Eduardo me lleva”.
Ese día supimos que habíamos dado un paso en cuanto a la confianza del Padre con nosotros… y quedaba
escriturado el oficio de llevarlo.

Para que no se regresara solo desde el Centro, le dije a Luis Eduardo que cuando salieran del Rosario de San José,
los miércoles, pasara por nuestra casa y yo los acompañaría. Esas noches en que íbamos a dejarlo a “Nuestra
Señora de las Angustias” fueron mis primeros contactos con él.

De él lo que sabíamos era que era muy amigo de la familia de Analú, y que en casa de ella y Mauricio se alojaba
cuando venía de “La Mana” para asistir al rosario de los sacerdotes los días martes y que aprovechaba las venidas
a Bogotá para ir “a la Academia”.

A partir del 31 de Mayo de 1995 cuando se inició el Rosario de los hombres: Rosario de San José, el Padre se
quedaba en Bogotá un día más para asistir a ambos rosarios.

Al empezar el mes de noviembre de ese año, de acuerdo con las palabras recibidas de la Sma. Virgen, se inició el
trabajo para adecuar un terreno dentro de la finca “Santa María” de propiedad de don Hernando González y su
esposa Judith Gutiérrez de González, con  el fin de construir un Jardín con que se honraría a la Sma. Virgen y
que según su promesa sería un lugar de paz y bendiciones para quienes “pisen estas tierras”.

El 4 de noviembre, primer sábado, tuvo lugar el primer día de trabajo. Asistieron algunos de los señores del RSJ y
el Padre Tisnés con ellos. Como uno más, armado de pala y azadón trabajó no solamente ese día sino cada uno
de los sábados que siguieron, hombro a hombro y codo a codo con los demás señores. Para esas jornadas se
cubría la cabeza con un pañuelo al que  retorcía las puntas y así de esta original forma  se protegía del fuerte sol
de la Sabana.

Al caer la tarde, se retiraba del Jardín, se lavaba las manos y se revestía con los ornamentos para celebrar la Santa
Misa y así dar por concluida la jornada de trabajo.

Era emocionante ver cómo las manos consagradas del Pastor labraban la tierra durante  el día para luego elevarse
con el Cuerpo y la Sangre de Cristo en ellas para dárnoslo como Alimento.

A fines del año 95, con motivo de presentarse una situación de crisis durante la construcción del Jardín de Santa
María, recurrimos a él como Pastor y acudió presuroso a dar la dirección espiritual y apoyo que se le pedía. Esto
contribuyó a estrechar los lazos ya existentes entre él y nosotros.

En la primera peregrinación “oficial” al recién sembrado Jardín, el 13 de diciembre del 95 él estuvo con nosotros.

Llega el año 96 en que las peregrinaciones espontáneas van llegando al Jardín los días 13… No hay necesidad de
que alguien recuerde o convoque… Poco a poco “los 13s” se van convirtiendo en “el día del Jardín”… Todos los
13s, es el Padre Tisnés el Pastor que preside la oración…  Se entonan cada vez los misterios del Rosario… Gozo,
Dolor y Gloria… se van desgranando… bajo el sol o la lluvia… Fieles los fieles… fiel el Pastor…

En Agosto de 1996 llega al Jardín una muchacha de Guaduas… En ese sitio también la Sma. Virgen se manifiesta
a través de varios instrumentos muy humildes… El Pastor pacientemente escucha… y acompaña… Anima…
alienta…

Compartimos con él su interés apostólico por cuanto sucede en la histórica población… Empezamos a viajar con
frecuencia con él… hasta que un día por razones “prácticas” nos atrevemos a proponerle que se quede a dormir
en nuestra casa  y así poder salir madrugados para Guaduas…

Esta situación se repite alguna otra vez… Estamos a mediados de 1997… Luis Eduardo le propone: “Padre, me
gustaría ofrecerle una celda “muy franciscana”  para que se quede usted en nuestra casa cuando esté en Bogotá”
(hasta ese momento el Padre repartía su tiempo entre La Mana y Bogotá)…

Ponemos manos a la obra y adecuamos una habitación en el primer piso de la casa, contigua al jardín, que en
otras oportunidades nos ha servido de cuarto de huéspedes.  Cama, mesita de noche, silla, escritorio y una
“olivetti” regalo de mis padres cuando terminé el bachillerato, son todo el mobiliario del Padre… Se encuentra en
esta habitación una biblioteca ocupada en su mayor parte por libros de Luis Eduardo: historia, geopolítica,
biografías que van mezclándose en  los anaqueles con “lo propio” del Padre…

No hay lujos… comodidades las indispensables… tal cual incomodidad (nunca reconocida por él)… Comparte el
Padre su vida con una familia  donde además del padre y la madre hay cuatro hijos: Camilo de 23 años,
estudiante de Derecho en la Universidad de los Andes; María Teresa de 21, cursa Ciencias de la Comunicación en
la Universidad Javeriana, Luisa Fernanda de 16 está terminado el bachillerato y Santiago que acaba de cumplir 7
años…

Empieza para el Padre y para nosotros una nueva etapa… Nos unen el amor a la Santísima Virgen (para él,
devoción vital… para nosotros devoción naciente), un “no se qué” de gracia que Dios nos ha dado  (que nos ha
permitido tener siempre sacerdotes amigos cerca … gracia experimentada a partir de la experiencia del Encuentro
Matrimonial en abril de 1979)… y el compartir noche a noche el rezo del Rosario y la escucha de los mensajes de
la Sma. Virgen,  cada día en casa de una familia diferente dentro del estrecho círculo de una veintena de familias…

El Padre al comienzo reparte su tiempo entre la casa claretiana de La Mana y Bogotá…  Cada vez pasa más
tiempo en Bogotá y sus visitas a La Mana se vuelven esporádicas… No sé en qué momento se quedó
definitivamente con nosotros… Mucho me halagó el escucharlo un día decir a una persona con la que hablaba
por teléfono: “Mándeme eso a mi casa…” y luego dar la dirección de la nuestra…  Cuando está en la casa, reza,
escribe y atiende gente… Comparte con nosotros las horas de las comidas y nuestras citas nocturnas para el rezo
del rosario… Martes, lo llevamos al rosario de sacerdotes y nos permiten asistir… somos testigos de excepción de
los mensajes dados por la Sma. Virgen dirigidos a sus “hijos predilectos”… y en más de una ocasión a  “mi dulce
y amado Roberto”… Los miércoles va con Luis Eduardo al Rosario de San José… y los sábados al Jardín. Los
demás días asistimos al Rosario Peregrino… el de las familias…

La Misa diaria la celebra en compañía del Padre Alberto Ojalvo  en la parroquia de Nuestra Señora del Buen
Consejo.  La gente empieza a acudir a él: es que él siempre tiene tiempo… siempre se muestra disponible… nunca
dice no…

Administra los sacramentos. La unción de los enfermos tiene prioridad. No importa que vaya a viajar: ¡el tiempo
siempre alcanza!... Un día me hace llevarlo a la Fundación Santafé a poner los santos óleos a una enferma casi a
la misma hora en que debía salir para el aeropuerto y viajar a Medellín. Un lunes a las 9 de la noche llama una
señora: sus dos nietecitos, mellizos, han nacido ese día y están muy delicados. La niña va a ser operada al día
siguiente muy temprano. Piden la gracia del bautismo para ambos, pero a esa hora no logran encontrar un
sacerdote… ¿el Padre Tisnés… podría?... ¿Dónde están?... En la Clínica Cardioinfantil… ¡Vamos para allá!...
Cuidados intensivos… Los pequeños Juliana y Santiago reciben de manos del Padre la gracia bautismal…
Santiago tiene hoy 2 años y medio… la pequeña Juliana falleció de dos días de nacida… Para su familia hay un
consuelo: ¡estaba bautizada!...  

6 a.m. Una llamada por teléfono: es una señora conocida: “Mi abuelita está agonizando en medio de gran
angustia, ¿podría el Padre venir a ponerle los santos óleos?”... 7 a.m.: Llegan por él… Al rato: la abuelita agoniza
en paz… El sacerdote ha llevado la misericordia de Dios a esa familia…

En la casa recibe a cuantos acuden a él buscando confesarse o conversar… No pocos le hablan de manifestaciones
y gracias extraordinarias: a todos escucha, atiende, orienta… Recibe personas de Bogotá y de otras ciudades…
También le buscan desde Ecuador y Venezuela… Laicos y sacerdotes vienen a hablar con él… Abierto su corazón
al don de las manifestaciones de la Sma. Virgen en nuestro tiempo, predica sobre ello. No oculta. Escribe. Sus
artículos los publica la revista El Mensajero.

Sale de la casa para ir, en bus, a la Academia de Historia donde pasa horas en la biblioteca trabajando… o a la
Sociedad Mariológica… o a la Academia de Historia Eclesiástica…

Publica con la valiosa ayuda de Alejandro Pedraza el Catecismo de los Dogmas Marianos. Celebra a María,
Corredentora. El Movimiento de la Madre de la Unidad lo busca desde el Ecuador y el Cardenal Pedro Rubiano lo
nombra Moderador del Movimiento en Colombia.

Su alma de misionero se da gusto: viaja a Valledupar, Caucasia, Santa Marta, el Eje Cafetero…

Es feliz cuando sale… en avión unas veces… las más en bus… Varias horas de viaje por carretera no le hacen
mella… Mientras los más jóvenes se quejan, él dice: “podría continuar unas horas más”…

Nunca pide… nunca se queja… ni  calor, ni frío, ni hambre… Recibe lo que se le brinda… Un ofrecimiento
siempre aceptado: una taza de café acompañada de arepa paisa…

Cuando llega de misión después de varios días, le preguntamos: Padre ¿y cómo le fue?... La respuesta es siempre:
“¡Esa gente es tan buena!”… Jamás una alusión a lo que él ha hecho… Después nos enteramos por la  gente:
homilías, enseñanzas… “el Padre no descansa”…

Entre la gente sencilla se le ve muy feliz… Atiende a todos… Interrumpe una y otra vez su trabajo cuando le
llaman al teléfono… Jamás se niega ni manifiesta desagrado ante quien lo solicita…

A todos dice que sí: celebrar la Santa Misa, acompañar grupos de oración, escuchar confesiones, asistir enfermos,
colocar los santos óleos, bautizar pequeñitos, celebrar matrimonios, bendecir hogares y lugares de trabajo… todo
entra en su agenda.

Un día llama una joven amiga de la casa: “tengo todo listo… pero en la capilla donde me voy a casar me piden
conseguir un padre…”… El Padre Tisnés celebra ese matrimonio…

A un señor enfermo de cáncer lo acompaña semana a semana, prestándole ayuda no solamente a él sino a su
familia… Le llaman para acompañarlo en su agonía y así lo hace… Celebra las exequias… y continúa la amistad
con ellos…

Alguien se queja: “el Padre debe aprender a decir no o se va a enfermar”… Él piensa diferente: “los sacerdotes son
para gastarse”…

Y se gasta acompañándonos: en el Rosario Peregrino y el Rosario de San José… el Movimiento María Madre de la
Unidad… María Corredentora… la Madre de todos los Pueblos… María Madre de la Eucaristía… la Madre de la
Divina Gracia de la rosa de la paz… la devoción al Padre Celestial… y trabajando en el Jardín donde acude cada
sábado que puede a cumplir la amorosa petición de la Sma. Virgen hecha en el Rosario de San José… en estos
últimos años serán Hernán, Manuel, Armando y José Helí sus fieles compañeros en esta tarea.

Lee con gusto a Catalina Emerich, María Valtorta, la Madre Eugenia Ravassi, Vassula…

Está firmemente convencido de que éste es el tiempo de la presencia de la Sma. Virgen María en el mundo… De
que es Ella quien está moviendo los corazones a la conversión… Que Ella con su dulzura nos está conquistando
para que regresemos al lado de su Hijo y al seno de la Santa Madre Iglesia…

Él sabe que en este tiempo el único refugio seguro es el Corazón Inmaculado de María…

Mantiene en sus manos el rosario… reza el rosario mariano…  el de San José… y desgrana también el de la Llama
de Amor… A las 3 de la tarde no puede faltarle el de la Misericordia…

Fiel en la oración, le vemos rezar la liturgia de las horas… Algunas veces se retira a su habitación porque está
“atrasado” en su oración… o le vemos  rezar el rosario mientras camina por la sala y el oratorio…

Le molestan la cháchara y la impuntualidad… también el que se cambie algo a las oraciones…  Es humano: tiene
su “genio”…  Prefiere escribir a charlar… Cuando está “en confianza” bromea… Su risa es agradable… Se deja
consentir… Le gustan las golosinas… dulces, galletas… Los regalos no los abre… “es que soy poco curioso”…
Difícilmente estrena… “más vale ropa conocida que nueva para estrenar”…

Para quienes le conocimos en este lapso del año 95 hacia acá, el Padre Tisnés era “nuestro”… Parecía no tener
pasado ni personas que pudieran “reclamárnoslo”… Él había nacido de nuevo con los grupos marianos… No
necesitaba nombre de pila… Su apellido lo distinguía de cualquier otro… Casi nadie podía escribirlo o
pronunciarlo bien la primera vez… No faltaba quienes le llamaran “Padre Disnéy”…

Dos salidas no le faltaban al año: los treces de junio no estaba en el Jardín… Desde los primeros días del mes se
iba para Fosca, población cundinamarquesa cuyo patrono es San Antonio. El Padre se iba para allá sin falta a
celebrar la novena y la fiesta, ayudando al joven párroco Padre William Casas para quien escribió simpáticos y
sentidos versos…

La otra salida era en diciembre: se iba para Ubaté y celebraba la novena y la fiesta
de Navidad en el Ancianato y en compañía de la familia Salazar… y allí se quedaba hasta pasado el año Nuevo.

El Padre toma como base para su trabajo nuestra casa en Bogotá… pero esto  no quiere decir que nos apropiemos
de él… Todo lo contrario: goza de la mayor libertad para su realizar su ministerio sacerdotal… Un día,
notándolo impaciente, talvez por la demora en salir a algún rosario,  digo: “La cruz del Padre somos nosotros”…
escucho su voz quebrada por las lágrimas: “qué cruz tan dulce…”

Vamos descubriendo algunas de sus amistades de toda la vida… además de Anita de Salazar y su familia… con su
casa de Ubaté y el Ancianato… Doña Margarita Correal de Vélez que lo llama desde Cali… se va a vivir a Nueva
York y desde allí  sigue llamando a saludarlo… Para ella es sencillamente “Robertico”… lo recuerda: joven,
montando en bicicleta con sotana… El Padre Leonardo Ramírez, S.J., otro enamorado de la Virgen.

Entabla amistad entrañable con muchas personas y familias… la de Patricia de Mick, por ejemplo, donde sin falta
acompaña el grupo de oración los días jueves… Patricia y Marcela Castro velan por la salud del Padre todo el
tiempo: cuando de exámenes, médicos, citas, remedios se trata… son ellas y sus familias las que están “a la orden”


Y cuando quiere descansar los domingos, es donde Álvaro Cediel y Anita o donde Fernando y Marcela.

Nuestro primer contacto con la comunidad del Padre, los claretianos, la tenemos cuando al Padre, tienen que
colocarle un marcapasos, a mediados del 2003.  Llamamos por teléfono y “nos presentamos” informando al Padre
Provincial que somos la familia donde vive el Padre… Les dejamos nuestros datos pero la relación no pasa de
ahí…

Enero de 2005: día 13… lo normal sería salir con él para el Jardín… Pero no: hoy no irá… El Padre nos entrega
dos cartas: en una nos agradece cuanto hemos hecho por él en estos  años que ha vivido con nosotros… la otra
es la que a él le ha enviado la comunidad en el mes de diciembre anterior y de la cual no había dicho nada: le
conminan a regresar a la comunidad y vivir en la casa de La Mana… faltan dos o tres días para que se cumpla el
plazo que le han fijado…

El 17 de Enero con ayuda de varios de los señores del RSJ se procede a hacer el traslado del Padre y sus cosas…
libros y papeles… su ropa… su maletín en que lleva lo necesario para su labor sacerdotal: el alba, la pequeñísima
estola morada, sus libros de oraciones, los frasquitos para el agua y el vino, la caja de las hostias… Son pocas las
pertenencias, pero “trasteo es trasteo”…  La inminencia de la partida no da tiempo para lamentaciones… El Padre
ha aceptado y obedece… Nosotros debemos ayudarle y hacer lo mismo…

La Mana lo recibe con el frío de la Sabana y el frío de la vieja casa pegada a la montaña… Poco sol, humedad,
soledad… no hay espacio para salir a caminar… El progreso ha transformado la antigua carretera por donde
pasaban las flotas que traían al Padre a Bogotá en una moderna  autopista de ocho carriles imposible de atravesar
a pie, por lo que el Padre queda aislado en ese lugar… La casa carece de teléfono… Los amigos (no todos pero sí
la mayoría) encuentran difícil ir a visitarlo… Algunos lo hacen, pero no con la frecuencia que necesitaría este
sacerdote apóstol….

Han quedado atrás los días de glorioso y libre ejercicio del ministerio sacerdotal… Ya no hay niños para
bautizar… ni enfermos a quiénes correr solícito a ayudar… Ya no hay un carro con una familia en la puerta
esperando que otros lo traigan a la casa para salir corriendo nuevamente a celebrar una Eucaristía…

Hay días en que prácticamente no cruza una palabra ni con sus dos compañeros sacerdotes los Padres Huertas y
Camargo, que no consiguen sacar  al Padre de su silencio…

El Padre ha perdido lo que más amaba… la gente a la cual él servía… Su sacerdocio se hace ahora oración y
cruz… Ya no irá de aquí para allá restañando las heridas espirituales de sus ovejas… Se ofrendará en la soledad
por ellas sin que ellas lo presientan… Sufre quebrantos de salud que a nadie confiesa… Mareos… hinchazón de
los pies y otras molestias… Los jueves de oración en casa de los Mick donde también le invitaban a almorzar en
compañía de otros sacerdotes (allí compartió con el Padre Lombo,  el Padre Trino (eudista),  el Padre José Luis
Pinzón,  el Padre Eduardo Achata)  cesan a pesar del amor y de la insistencia de Patricia que le envía un
conductor para que lo lleve y lo traiga… El Padre declina las invitaciones…

Así transcurre el año… Qué pasaba en su interior sólo Dios lo sabe… y la Sma. Virgen en quien él confiaba como
que por verdadera madre la tenía…

Celebraba diariamente la Eucaristía… solo…

Inicia el año 2006… Nos proponemos celebrarle el cumpleaños y se  organiza una reunión en casa de los Mick…
¿La sorpresa?... llegamos allí y el Padre ha mandado decir que no viene… Rápidamente se cambian los planes y
nos dirigimos todos hacia La Mana… No sabemos si la sorpresa le agrade o desagrade, pero allá llegamos. Nos
emocionamos: él y nosotros… No demuestra mucho, pero los que más lo conocen lo saben: ¡está feliz de
vernos!... Celebra la Eucaristía por ruego de todos y nos volvemos a Bogotá con alegría pero también con el
corazón apretado… Mucho frío es dañino para el cuerpo… y mucha soledad, para el alma del sacerdote deseoso
de servir…

Una familia cercana  nos llama con insistencia… el señor no es creyente pero aprecia mucho al Padre y quiere
verlo… Un día vamos con él y su esposa… Ellos nos abren los ojos: las condiciones en que está viviendo el Padre
no son buenas para él… Algo  interiormente nos hace movernos: se habla con el Padre Provincial y  después de
algunos días nos dan la noticia: el Padre es trasladado a la casa de Bosa donde contará con mejor atención…

Los amigos están contentos: en  la casa de Bosa reciben al Padre con muestras de alegría y cariño… ha vuelto al
que fue su primer hogar, donde se formó religioso y sacerdote… hoy vuelve como sacerdote mayor a esperar que
en él se cumpla la Voluntad de Dios.

Goza aquí él de comunicación telefónica… le llamamos a saludarlo, a pedirle la bendición y a hacerle encargos de
oración: “Padre, mi nuera ha salido para la clínica y está próxima a dar a luz… por favor rece…”… “Padre, tengo
un hermano muy delicado de salud… por favor rece por él…”… “Padre mi nuera está muy bien y ha dado a luz
una niña… se llamará Elisa…” …”Padre …gracias… Padre… por favor… la bendición…”

Miércoles 23 de Agosto: una llamada… el Padre Tisnés está en la Clínica de Marly, habitación 412…
Ayer 22 de Agosto (fiesta de Santa María Reina… antes día del Inmaculado Corazón de María, solemnidad tan
cara para él), le dio un mareo… talvez… (él no recuerda qué le pasó) se cayó y se golpeó feo la cabeza y el
hombro… lo han dejado hospitalizado para hacerle un estudio para averiguar el por qué de esos  mareos…  Le
hacen un TAC y aparece la cicatriz de una vieja lesión… Él ha tenido un sangrado que le afecta el habla y se hace
más difícil entenderle (era proverbial la dificultad para entenderle pues hablaba entre dientes… una vez celebró la
Santa Misa y alguien preguntó si había celebrado en latín pues no le había entendido nada)… Se corre la voz
entre los amigos y se le comunica a sus hermanos, don Hernando, residente con su familia en Bogotá, y Lucila y
el Padre José Gabriel  residentes en Medellín, no porque el Padre esté grave, no, sino para que estén enterados y
los que puedan vayan a verlo y a acompañarlo…

El sábado 26, bien tempranito, aparece por la Clínica una buena amiga: Helenita Boada de Villamil (para quien
había escrito unos versos en los que ponderaba su hospitalidad) llevando al Padre Marino Marín quien ora por
el Padre Tisnés y le coloca la unción de los enfermos…

Sábado y domingo van a visitarlo señores del Rosario de San José, su hermano Hernando y María Clemencia su
sobrina… además de otras personas que le llenan de mimos y cariño… Hoy recuerdan quienes le  vieron:  el
Padre tenía el rosario en la mano…

El lunes 28 en la mañana lo visitan varios señores josefinos… desayuna y lee prensa… En la tarde está
adormilado… Un señor del RSJ que lo acompaña llama por teléfono: siente que hay que invitar a algunos señores
para que se reúnan allí a rezar junto al Padre… Se reúnen siete y rezan el Rosario de San José y el de la
Misericordia… Hacia las 7:30 p.m. unos se despiden, dejando al Padre como lo han encontrado: como dormido…  
Los que quedan lo sienten afiebrado y así se lo hacen saber a las enfermeras… Ellas toman nota de esto y los
tranquilizan…Rezan el Santo Rosario y lo dejan al cuidado de las enfermeras… un rato más tarde queda el Padre
solo en su habitación.

Martes 29 de Agosto: una llamada a las 7 de la mañana: José Helí Ortiz, buen amigo del Padre, ha ido muy
temprano a verlo a su habitación y no lo encuentra. Recibe la triste noticia que previamente había sido
comunicada a la comunidad: el Padre ha fallecido hacia las 2 de la mañana. Sorprendido e inconsolable, es José
Helí quien primero comunica la noticia. Poco a poco se van enterando  los demás.

La velación del Padre se lleva a cabo en una sala de la funeraria Los Olivos… ¡Sí!…lleva el nombre del huerto en
que Jesús orara un día… Allí, repitiendo el ritual de tantos martes del  rosario de sacerdotes oramos con él y por
él el Santo Rosario…

Quiso Dios disponer que el día anterior falleciera el Padre Roberto Cabrera, jesuita, director espiritual de Carolina
Name, joven instrumento de Nuestro Señor y su Santísima Madre.. Así, con unas horas de diferencia, fallecieron
estos dos Robertos, tan amantes y tan amados de la Sma. Virgen, ambos acompañaron a las jóvenes Carolinas,
Name y Jiménez, en esa misión de comunicar los mensajes de nuestra Santísima Madre al mundo…

No nos habíamos repuesto de la noticia del fallecimiento del Padre Cabrera cuando tuvimos que asumir el dolor
de la muerte del Padre Tisnés… pero ambos fallecimientos, tan seguidos uno del otro que nos hacen pensar que
en el Cielo estaban preparando una sola fiesta para ambos, se convierten para los devotos marianos en un signo:
días difíciles vienen en que nuestros pastores nos ayudarán desde el Cielo.

Y como en esto de interpretar las señales de los tiempos hemos ganado un poco de sensibilidad, debemos anotar
que el padre Tisnés  partió para el cielo un martes (día del rosario de sacerdotes) y sus exequias se realizan un
miércoles (día en que se reúnen los señores a rezar el Rosario a San José). La Santa Misa fue presidida por
Monseñor Flavio Calle Zapata, Arzobispo de Ibagué, con quien tantas veces oró y compartió durante estos años
en el rosario de sacerdotes y concelebrada por 15 sacerdotes de su comunidad y 2 de la Sociedad Mariológica.

La Basílica del Voto Nacional cuya historia sería conveniente que todos recordáramos en estos momentos, no nos
quedó grande para despedir al Padre. Personas venidas de todos los puntos cardinales de la ciudad nos
congregamos para decirle: “Padrecito, aquí estamos, como estuvo usted a nuestro lado durante estos años… Hoy
rogamos por usted… Ruegue usted también por nosotros para que seamos fieles y correspondamos a las gracias
recibidas… Usted nos ha enseñado con su vida, que la vida vale la pena vivirse de la mano de la Virgen María
entregándola  por la salvación de las almas y el advenimiento del Reino de Dios…”

Finalizo este compartir con una estrofa que pronunciara Alejandro Pedraza al terminar las exequias y que
expresa nuestro sentimiento

                                                                         “Roberto María Tisnés Jiménez
                                                                  vuela, vuela alto, vuela lejos y despacio
                                                                                  en brazos de San José,
                                                                         de la Santísima Virgen María
                                                                     y cubierto con las alas de Miguel
                                                                      hacia los brazos de tu Dios Fiel
                                                                          que humilde te enseñó a ser
                                                                       y Deseoso espera tu arribo feliz.
                                                                               Vuela, Pastor, vuela
                                                                       que tu rebaño no te olvidará
                                                                              y sus preces, muchas,
                                                                           por ti al Cielo elevará…”

                                                                                                                              Maria Teresa Rozo de Mendoza
                                                                                                                              Bogotá, Agosto 30 de 2006